El próximo fin de semana se celebra el Carnaval, o mejor dicho El Mercado Medieval. Porque ahora las fiestas ya no son lo que eran.
Y la culpa de todo esto, la tiene Pepin Fernández; si, el de Galerías Preciados; que para hacer la competencia al Corte Inglés, se inventó aquello de la “elegancia social del regalo” y a las festividades de San José, del día 19 de marzo, y a la de la Inmaculada Concepción, del día 8 de diciembre, las convirtió en los “Días del Padre y de la Madre”, respectivamente. El caso era hacer negocio, ganar dinero; vamos.
Antes, las fiestas eran otra cosa. En Chinchón, cuando llegaba San Roque, ya se habían terminado prácticamente las tareas de la trilla, se habían recogido los ajos y había que descansar, por lo que las Fiestas Patronales eran la oportunidad de solazarse y divertirse; de recibir a los familiares que solo venían en esos días y hacer un alto en el año laboral.
También estaban las fiestas del Rosario, que se cambiaron al tercer domingo de septiembre, para que no coincidiese con la vendimia que se iniciaba a primeros de octubre y coincidía con el la Festividad de la Virgen del Rosario que se celebra el día 7.
Por lo tanto, vemos cómo las fiestas se iban adaptando a las necesidades y disponibilidad de las personas, porque su fin era el descanso y la diversión del pueblo.
Luego estaban las fiestas religiosas de la Navidad y de la Semana Santa, en las que se aunaban la celebración religiosa, la familiar y el descanso personal.
Pero eso era antes, últimamente se están produciendo cambios sensibles en los conceptos de lo que entendemos por fiestas y la transformación que se puede observar en el sentido que se da a las fiestas y celebraciones.
Antaño, como hemos dicho, las fiestas y celebraciones estaban enfocadas al divertimento y solaz de los vecinos. Las Fiestas Patronales, los Carnavales, las Navidades, la Semana Santa, eran fiestas para el descanso y la participación. Pasado el tiempo, y casi imperceptiblemente, algunas de ellas tienen un concepto diferente.
Es verdad que las Fiestas Patronales puedan ser una excepción y conservan aún la finalidad para lo que se instituyeron; pero La Pasión de Chinchón, que se inició como un acto litúrgico y participativo de los fieles, es ahora un espectáculo enfocado a la promoción turística. Los Carnavales, con sus disfraces y sus excesos, se han convertido en un Mercado Medieval en el que la participación de los vecinos se limita a ver como el pueblo se llena de visitantes esos días. Incluso a las Navidades parece que ahora se las quiere convertir en un mercado navideño.
O sea, que como quería Pepin Fernández, se están convirtiendo las fiestas en una oportunidad para hacer negocio. Como diría Cicerón ¡Oh tempora, oh mores!